La falcata posee una hoja curva y asimétrica, típicamente de un solo filo, cuyo contorno gira hacia delante de manera cóncava antes de retroceder de nuevo hacia el eje de simetría en la punta. Esta forma sitúa el centro de gravedad de la espada hasta aproximadamente la mitad de la hoja y eleva el punto de corte más cerca de la punta, lo que maximiza la potencia de cada tajo sin llegar a desequilibrarlo. Presenta a veces acanaladuras en el borde no cortante que permiten aligerar el peso del arma, así como decoraciones en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata.
La empuñadura, tan característica como la hoja, es pequeña y de una sola mano, y se encuentra desplazada normalmente hacia un lado respecto al eje de la espada. Su forma abraza la mano del usuario en una curva similar a un gancho, a veces uniéndose de nuevo a la hoja con una cadenilla o remache para formar una guarda completa. Suele contar con cachas de hueso o marfil y un pomo en forma de cabeza de caballoo grifo.
La forma y disposición de la falcata la vuelven un arma eminentemente cortante, tarea en la que se desempeña con gran eficacia respecto a otras clases de espadas. Sin embargo, la frecuente presencia de contrafilo (el filo del borde contrario al filo principal, que ocupa cerca del tercio más próximo a la punta) en los ejemplares recuperados parece apuntar a que también es posible un uso limitado como arma de estocada.
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